DECIDÍ SUFRIR Y CONSEGUÍ LO QUE QUERÍA

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Empecé a fumar con poco más de 14 años, en ese momento imagino que como a muchos otros jóvenes, el cigarrillo se convirtió en un vehículo para satisfacer mi necesidad de importancia “la gente guay fumaba”. Fue una de las pocas trasgresiones que tuve durante mi adolescencia.

Con el paso del tiempo el cigarrillo se convirtió en mi más grande aliado, empezó a satisfacer muchas otras de mis necesidades, me proporcionaba seguridad: podía disponer de él cada vez que quisiera; conexión: conectaba conmigo misma a través del cigarrillo lo consideraba mi acompañante en momento de soledad, me conectaba también con otros que como yo debíamos ir a espacios reservados para fumar en cualquier reunión o evento; Variedad: Tenía la firme creencia de que modificaba mi estado de ánimo y además en el sentido que lo necesitara, si estaba agitada me relajaba y si estaba triste me activaba además tenía el privilegio de elevar el nivel de concentración y así mejorar mi productividad; Importancia: si en algún momento mi autoestima se veía afectada por algo, un cigarrillo inmediatamente me recordaba el valor que yo tenía; Drama: La falta de cigarrillos me daba permiso a mostrar mal humor temporalmente.

¿Quién se despediría de este soporte tan valioso?, ¿Cómo era posible? Desde hacía muchos años tenía consciencia del daño que la nicotina tenía en mi organismo, sabía que tenía que dejar de fumar.

Recurrí a todos lo métodos en el mercado: Clínica antitabaco, parches, chicles, inhaladores de nicotina, hipnosis, libros y un largo número de etcéteras.

¿Qué hice diferente esta vez? Te preguntarás.

Varias cosas que comparto porque me ha sorprendido el efecto que mi experiencia ha tenido en otros fumadores para conseguir dejarlo:

1.- Tomar la decisión: Parece una tontería, pero decidir con compromiso es el único gran paso que hay que dar, los demás sustentan este. Está vez decidí: Voy a dejar el cigarrillo cueste lo que cueste.

Repite esta frase continuamente

“He decidido dejar de fumar, mi prioridad hoy es dejar de fumar, hoy no hay nada más importante que no fumar”

2.- Romper el patrón: No hace falta que sea 1 de enero o lunes para dejarlo, un buen momento es al terminar de leer este artículo. Si haces esto te evitas enfrentarte a un patrón recurrente el mio era: Lo dejo los lunes y fumo los miércoles como consecuencia de cada fracaso aparecía esa voz tan familiar que decía “Esta vez no pudo ser, pero la próxima lo conseguiréy añadía seguro que la próxima si”

3.- Estaba dispuesta a pagar el precio de dejar de fumar y ya sabemos que es muy alto, me preparé para permitirme: bajar mi productividad laboral, dormir mucho al principio, engordar unos cuantos kilos, sentirme sola y triste, me permití dar respuestas inapropiadas a seres queridos, luché contra aquellos pensamientos negativos que jugaban conmigo, estaba dispuesta a justificar todos y cada una de estas  circunstancias porque había decidido…..

“Hacer lo que fuera necesario para conseguirlo, pagar el precio, sacrificar lo que hiciera falta”.

En las muchas oportunidades que tuve tentación repetía esta frase que te regalo:

 “Que bueno que tengo que superar esto también porque mientras más me cueste menos probabilidades tengo de recaer”

Me había propuesto dejar mi adicción, pero no como lo venden en los comerciales:  sin esfuerzo, sin darte cuenta, sin que afecte tu estado de ánimo ni mágicamente.

En resumen, cuesta, es difícil, sufrí mucho, me contuve muchas veces, me engordé 8 kilos, bajó momentáneamente mi productividad laboral, algunos amigos postergaron nuestros encuentros, mi familia tuvo que ser más tolerante conmigo y ahora siete meses después, todo está volviendo a la normalidad solo que ahora se vivir sin el cigarrillo y me siento muy orgullosa por ello.

Esta historia es valiosa para mí y se la regalo a otros fumadores por si acaso es su  momento y les sirve de referencia para esta vez si «Tomar la decisión de sufrir ahora y pagar el precio» de tener un futuro mas saludable.

Yliana Ledezma – Coach

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